sábado, 15 de mayo de 2010

Teoría de la Evolución y Teoría de Sistemas Abiertos Disipativos.

Desde el paradigma sistémico, evolución implica cambios de estructura. Los cambios de estructura han de darse, por definición, dentro del sistema (de modo autopoiético) y afirmarse en su entorno. En otras palabras, sistema y entorno evolucionan de forma diferente, pues si evolucionaran de la misma forma se habría alcanzado un ajuste óptimo estable y no podríamos hablar de evolución (estasis).
Cada cambio tiene un poder multiplicador. Cada sistema (cada organismo) es entorno de los otros sistemas (de los otros organismos). Los cambios de los sistemas no pueden coordinarse, por lo que podemos hablar de una coevolución insostenible de carácter azaroso (casual).
La variación (la reproducción desviada, por mecanismos genéticos y epigenéticos), más que la selección natural, es la explicación de la evolución. Mediante la variación se mantienen disponibles posibilidades de respuesta a entornos cambiantes (preadaptaciones), dentro del límite de las situaciones de partida. Según Dobzhansky, antes del descubrimiento del DDT existían insectos previamente adaptados y por eso pudieron sobrevivir. Estar adaptado es un presupuesto y no un resultado de la evolución. Estar adaptado permite aprovechar la casualidad, obtener del entorno cambiante efectos estructurantes con ayuda de operaciones propias del sistema (obtener orden del ruido).
Desde el paradigma sistémico, no es posible pensar que la evolución es un proceso orientado a un fin, o que va de lo menos complejo a lo más complejo: sistemas altamente complejos han dejado de existir y han sido sustituidos por sistemas más simples (devolución). Pero también es cierto que organismos más complejos permiten más acoplamientos estructurales entre sistemas y entornos. Cuanto más probable es la complejidad, más probables son las innovaciones (emergencias). Las adquisiciones evolutivas reducen complejidad para poder organizar una más alta complejidad. No surgen para resolver problemas.

Bibliografía: Niklas Luhmann. La sociedad de la sociedad.

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