sábado, 8 de mayo de 2010

Bases genéticas de la violencia.

Bibliografía: Rebollo-Mesa I, Polderman T, Moya-Albiol L. Genética de la violencia humana. Rev Neurol 2010; 50: 533-40.
Según las investigaciones realizadas por N. K. Popova en ratas noruegas seleccionadas durante más de 50 generaciones en función de la ausencia o presencia de una alta agresividad, y en líneas seleccionadas de ratones y en ratones knock-out para la monoaminooxidasa A (MAO-A):

  • La serotonina cerebral tiene una contribución fundamental en los mecanismos genéticos subyacentes relacionados con las diferencias individuales en agresividad.
  • Los genes que codifican los enzimas principales del metabolismo de la serotonina en el cerebro (triptófano-hidroxilasa y MAO-A) y el receptor 5-HT1A forman parte de un complejo grupo de genes que modulan la conducta agresiva

http://www.springerlink.com/content/t7456576p6222320/fulltext.pdf

Otros trabajos centrados en la comparación de cepas, en los análisis de las consecuencias de la crianza selectiva y en los genes ubicados en el cromosoma Y o en la MAO-A, han aportado información relevante sobre los aspectos genéticos relacionados con la agresión en animales.
Los estudios preliminares llevados a cabo en seres humanos se centraron en analizar los datos provenientes
de personas con anormalidades genéticas en los cromosomas sexuales. Como la violencia es
mayor en hombres que en mujeres en todas las sociedades, se pensó que los genes responsables de
ella deberían estar ubicados en los cromosomas X e Y.

  • Tras analizar la agresión en personas con síndrome de Turner (45X0), en ‘metahembras’ (mujeres con más de dos cromosomas X) y en varones con síndrome de Klinefelter (XXY), se concluyó que el hecho de tener más cromosomas X no es una protección para el desarrollo de conductas agresivas y violentas.

Los trabajos actuales sobre esta temática apuntan hacia resultados contradictorios, otorgando un papel relevante al ambiente en el que se desarrollan las personas y sugieren que las diferencias entre los individuos que muestran conducta agresiva persistente vendrían explicadas fundamentalmente por factores genéticos, mientras que las diferencias entre los miembros normativos de la población serían el resultado de los efectos conjuntos de genes y ambiente compartido.
Para el tratamiento de las conductas agresivas problemáticas, la prioridad debería ser encontrar aquellos factores que llevan originalmente a un individuo a pertenecer a un subgrupo u otro (persistente o normativo).
En lo que se refiere a los factores genéticos estos son los hallazgos hasta la fecha:

  • Haberstick et al. hallaron que los niños portadores del alelo corto del gen del transportador de la serotonina (5-HTT) mostraban niveles significativamente más altos de conducta agresiva. Verona et al realizaron un estudio de interacción genética-ambiente y hallaron que los hombres portadores del alelo corto de este gen mostraban niveles más altos de agresividad, siempre y cuando hubieran experimentado además un determinado nivel de estrés. En contraste, los hombres y mujeres portadores del alelo largo no mostraban dicho incremento en la conducta agresiva, incluso bajo el efecto del estrés. http://www.ibcrosario.com.ar/articulos/PolimorfismosDelGen5HTT.html
  • Otros genes candidatos:
    • el alelo 452 TYR del receptor 5-HT2A para el inicio de la agresión en la infancia.
    • el alelo de baja actividad x3 de la monoamino oxidasa A (MAO-A) para el trastorno límite de la personalidad. Se trata de un gen del cromosoma X implicado en la regulación de los mecanismos de la serotonina, la norepinefrina y la dopamina en el cerebro.
    • el alelo L del gen TPH1 que codifica la triptófano-hidroxilasa (dudoso).

Algunos estudios efectuados, según Gallardo-Pujol, David; García-Forero, Carlos; Maydeu-Olivares, Alberto; Andrés-Pueyo, Antonio. http://acosomoral.org/9Congreso6.htm

En el momento actual no se conocen con exactitud los mecanismos genéticos exactos que contribuyen a las conductas agresivas. Probablemente, los aspectos genéticos influyen en los factores biológicos como el arousal, los niveles hormonales y los neurotransmisores, entre otros, que a su vez afectan al comportamiento. Los datos empíricos ponen de manifiesto que las vías neuroquímicas implicadas en la agresión dependen
de la experiencia, por lo que en diversos ambientes pueden emerger fenotipos conductuales diferentes.
Todo ello sería consecuencia de la interacción entre genes y ambiente, fundamental para la comprensión
y el estudio de la agresión y la violencia.  Además, la interacción entre los alelos de algunos polimorfismos genéticos y los estresores ambientales indica que los primeros pueden proteger o predisponer a la comisión de abusos por parte del maltratador.

Modelo de Gallardo-Pujol, David; García-Forero, Carlos; Maydeu-Olivares, Alberto; Andrés-Pueyo, Antonio. de interactuación de genes y ambiente en el desarrollo de conductas agresivas


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